Charlotte, nuestra preciosa sharpei, aún no ha cumplido los 4 años y ya ha vivido más de lo que le correspondía. Creció desde cachorra en un piso, aprendiendo a convivir en familia, hasta que un día la dejaron en el refugio. A pesar de ello, conserva ese carácter noble y sereno tan propio de su raza. Al principio es prudente, observa en silencio con sus ojitos atentos, pero en cuanto te conoce despliega toda su ternura y se convierte en una compañera adorable, simpática y muy zalamera.
Como buena sharpei, es tranquila en casa, limpia y le encanta la rutina. Disfruta de los paseos —aunque el monte embarrado y los charcos no son precisamente su pasarela favorita— y camina de maravilla con correa. Le entusiasman los juguetes con sonido, es muy obediente y sociable tanto con personas como con otros perros.
Sus arruguitas cuentan una historia de resiliencia, pero también de esperanza. Charlotte no busca solo una casa: busca un hogar donde quedarse para siempre. Si quieres escribir con ella un nuevo capítulo, ven a conocerla.