La historia de Eagle comenzó junto a Jane y demás compañeros, en el mismo lugar donde durante años conoció más carencias que cuidados. Cuando llegó al refugio, su estado era muy delicado: tenía sarna, babesia, parásitos de todo tipo y necesitó tiempo y tratamiento para recuperarse. Hoy, por suerte, todo eso ha quedado atrás. Físicamente está fuerte como un toro y disfruta de una vida completamente normal, aunque, necesitará sus revisiones veterinarias periódicas.
Pero su mayor transformación no ha sido la física, sino la emocional.
Al principio no permitía que nadie se acercara. Ladraba, gruñía y parecía decirnos que el mundo no era un lugar seguro para él. Sin embargo, con paciencia y mucho cariño, ese muro se fue derrumbando.
Hoy es, sin duda, uno de los perros más cariñosos del refugio. Es un auténtico gigante mimoso. Busca el contacto constantemente, se frota contra nuestras piernas para pedir caricias y disfruta de cada mimo como si quisiera recuperar todo el tiempo perdido. Es alegre, activo, juguetón y siempre está dispuesto a compartir un rato con las personas en las que confía.
Con quienes no conoce todavía se muestra algo reservado. Necesita que le den su espacio y le permitan acercarse a su ritmo. Pero cuando lo hace, aparece un compañero divertido, noble y tremendamente afectuoso, de esos que llenan la casa de vida.
No es un cachorro, pero aún tiene muchas ganas de disfrutar, de jugar y, sobre todo, de querer y dejarse querer. Solo necesita una familia que entienda que algunos corazones necesitan un poco más de tiempo para abrirse. La recompensa será un compañero extraordinario que hará que cada día merezca la pena.