Raven llegó al refugio junto a Jane, Eagle… y otros compañeros rescatados del mismo lugar. Era, probablemente, el más asustado de todos. Apenas tenía pelo cuando cruzó la puerta y su estado de salud era muy preocupante: babesia, parásitos y un cuerpo que reflejaba una vida llena de abandono.
Pero Raven es mucho más fuerte de lo que parecía.
Con los cuidados necesarios fue recuperando la salud y hoy luce un precioso pelo negro, brillante como el plumaje de un cuervo, que hace honor a su nombre. Sin embargo, el cambio más bonito no ha sido el de su aspecto, sino el de su confianza.
Sigue siendo un perro prudente cuando conoce a alguien por primera vez, pero basta un poco de paciencia para descubrir al compañero que lleva dentro. Le encantan las caricias, los paseos tranquilos y cualquier momento compartido con las personas en las que confía.
Y luego están las pelotas. O cualquier juguete que aparezca por el patio. Entonces Raven se olvida del pasado y empieza a correr, a dar vueltas y a hacer auténticas piruetas, con la alegría de un niño que descubre el juego por primera vez. Es imposible no sonreír al verlo disfrutar de cosas tan sencillas que, probablemente, nunca antes había tenido.
Es un perro inteligente, sensible y con una enorme capacidad para crear un vínculo con quien le dedica un poco de tiempo. No necesita una familia perfecta, solo una que entienda que la confianza se construye paso a paso.