Hace unos días llegaron a nuestro refugio siete perros que nunca deberían haber vivido así.

Vivían en una finca, con un supuesto dueño, pero en la práctica estaban abandonados. Cinco adultos y dos cachorros. Una hembra y cuatro machos adultos, y dos cachorros machos. Llegaron llenos de miedo, desconfiados, rotos por dentro y por fuera.

Su estado era terrible: sarna muy avanzada, heridas abiertas, infestación masiva de garrapatas, parásitos internos, suciedad acumulada y una evidente falta de cuidados durante mucho tiempo. Cuerpos cansados, miradas apagadas.

Hoy están a salvo. Ya se encuentran en el refugio, en tratamiento veterinario, recuperándose poco a poco. Algunos empiezan a levantar la cabeza, otros aún necesitan tiempo. Aquí no hay prisas, hay respeto.

Nada de esto sería posible sin vosotros. Cada aportación, cada gesto, cada foto compartida nos permite seguir rescatando, curando y dando una segunda oportunidad a quienes más lo necesitan. Estos siete perros ya tienen nombre y un futuro por delante. Jane, Scott, Raven, Eagle, Sparrow, Merry y Pipin son la prueba de que la ayuda colectiva salva vidas.

Ahora nuestro compromiso es claro: recuperarlos, devolverles la confianza y prepararlos para que, cuando estén listos, puedan encontrar un hogar digno, seguro y definitivo.

Seguimos. Por ellos. Con vuestro apoyo. Porque aún quedan muchos más esperando.